El Millonésimo Círculo: creando equilibrio

“Cuando un número decisivo de personas transforme su actitud o su comportamiento, la cultura en su totalidad se transformará. Unos pocos comienzan a hacer aquello que era impensable, y pronto son muchos quienes lo hacen; y cuando un cierto número de individuos cambia, esa nueva conducta forma parte indivisible de cómo somos y de lo que somos como seres humanos.” *

Estamos en el umbral del cambio de paradigma. Somos la generación que participa de la era de la transformación, los responsables en crear un nuevo modelo de vida basado en la unión, la integración, y el amor a nuestro planeta y a todo ser que lo habita. Necesitamos cambiar la mirada, transformar la imagen que tenemos de nosotros mismos, de nuestra relación con el entorno, y hacernos cargo de crear nuevas bases y conceptos universales que sustenten el equilibrio de la vida en la tierra. De esto se trata esta nota, de perfilarnos y afianzarnos como constructores del cambio.

Nuestra cultura humana está cambiando, somos testigos y partícipes, y para acompañar esta evolución necesitamos construir una nueva manera de observarnos a nosotros mismos, a los otros y al mundo, con un enfoque integrador.  La creatividad, el amor, la sabiduría, el cuidado y la nutrición son hoy en día claves para acompañar el reciclaje de un sistema socio-eco-cultural que ya está aflorando, quitar la atención a viejos esquemas e inyectar toda la energía renovada a los nuevos modelos que queremos para nosotros y nuestra familia.

¿Qué necesitamos para construir una cultura humana equilibrada e integrada con nuestro medio ambiente?

Para que la cultura humana cambie es necesario incorporar, por un lado, la sutil sabiduría y compasión asociadas al aspecto femenino de la humanidad y, por otro, la sabiduría indígena que implica una conexión con todos los organismos vivos del planeta, y llegar de ese modo a un equilibrio. Necesitamos unirnos en forma de círculo, compartirnos, observar, hacer y enseñar.

Nuestro mundo necesita de una inyección de esa clase de sabiduría nutritiva que las mujeres tienen, y además volver a recibir con los brazos abiertos a la cultura indígena. La energía femenina de compasión, amor, cuidado, protección, nutrición, sabiduría, paciencia, contemplación, fluidez del mundo emocional, es precisamente lo que debemos hacer crecer adentro nuestro para ofrecer al mundo, y así hacer nuestra parte para equilibrar nuevamente la balanza de la vida.

¿Cómo lo hacemos?

Necesitamos reconocernos como hijos de la tierra y hacernos cargo de nuestra relación con ella y de esta gran familia de la que somos parte. Somos Uno:  somos la unión de las energías masculinas y femeninas del Universo, la unión del Cielo y de la Tierra, la unión de nuestro Padre y nuestra Madre.

El camino entonces es crear entornos que vivifiquen este mensaje: Somos Uno. Y la forma primordial de este concepto es el Círculo, una forma arquetípica que resulta familiar a la psique de la mayoría.

El medio es el mensaje: creando Círculos Sagrados.

Un círculo sagrado es un espacio en donde podemos alinear nuestra expresión, pensamientos, sentimientos, sueños y acciones, compartiendo nuestra esencia de forma auténtica, despojándonos de todo tipo de prejuicios, animándonos a compartirnos, abrirnos a los otros, brindarnos generando así entre todos una energía circular de comunión de esencias humanas que buscan crecer. Es por eso que me animo a tomar la inspiración de Jean Shinoda Bolen, psicóloga jungiana autora del libro “El Millonésimo Círculo”, para expandir su mensaje transmitiendo esta necesidad de construir círculos entre nosotros, que nos lleven a comprendernos en verdadera unidad e igualdad.

El objetivo es construir juntos diferentes caminos para equilibrar la energía vital de nuestro mundo. Necesitamos nuevos círculos para aprender escuchando, presenciando, representando un modelo, reaccionando, profundizando, haciendo de espejo, riendo y llorando, inspirándonos y compartiendo la sabiduría de la experiencia. Necesitamos una reeducación, una nueva forma de pensar sobre la vida y el ser humano, y creo que la única manera de lograrlo es abriendo nuestra mente y animándonos a desaprender para dejar entrar lo nuevo, aprender un nuevo sentido de vida, una nueva dimensión de la experiencia humana. Un Círculo puede brindarnos este espacio de aprendizaje y contención, sabiduría y conexión, para gestar nueva energía circular que, desde el centro  -símbolo de profunda percepción y sabiduría-, irradiemos hacia el mundo. La invitación es a tener la iniciativa para crear nuevos círculos e inspirar a que también otros lo hagan.

Construir una nueva mirada de nosotros mismos, nuestros vínculos personales, y nuestra relación con el medio ambiente del cual somos parte, es la clave y el punto de partida para dar vida a nuestra esencia humana desde un enfoque de integración con nuestro Planeta Tierra. Permitirnos identificarnos desde una visión de unión e integración con el Universo y sus cuatro elementos es transformar todo nuestro ser hacia el nuevo camino, es acompañar el cambio de paradigma, es entrar en la nueva Era. Y el Círculo, símbolo de la integración, la totalidad, la igualdad, es la forma de nutrirnos los unos a los otros desde este nuevo lugar, para poder irradiar sabiduría, amor a la tierra y energía femenina a la humanidad , siempre desde adentro y hacia afuera. Leer el libro “El Millonésimo Círculo” y afianzarnos como co-inspiradores de nuevos mundos.

 

 

* La cita al comienzo de esta nota corresponde a la psicóloga jungiana Jean Shinoda Bolen, autora de “El Millonésimo Círculo”.

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